Seiken Gakuin no Maken Tsukai Volumen 1 Capítulo 10

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—Propáguense por todo, llamas del infierno, y reduzcan todo a cenizas. ¡Zof Amadia!

¡Voooooooooosh…! Sin pelos en la lengua, Leonis liberó su hechizo de tipo fuego más fuerte, Ráfaga del Fuego del Infierno, a los muchos rostros del archisabio. Invocadas desde el reino de Muspelheim, las llamas inmolaron a los Voids junto con las raíces que los engendraron.

—¿Tal vez ahora recuerdas el poder puro del Rey de los Inmortales, Leonis Death Magnus?

Golpeó el suelo con el pie de su Bastón Mágico del Juicio. El aire titiló debido al intenso calor. Los Voids fueron reducidos a cenizas, pero… al momento siguiente, un destello de maná verde oscuro cegó a Leonis. El Árbol Sagrado se arrancó sus apéndices quemados y empezaron a crecer de nuevo rápidamente.

—Oh, esa es una regeneración impresionante. Así que ese es el poder del Árbol Sagrado.

El rey demonio elogió a su antiguo enemigo. El Árbol Sagrado del Bosque de los Espíritus creció absorbiendo el maná del suelo. Sus hojas eran una panacea capaz de curar cualquier enfermedad, y se decía que los que comieran sus frutos ganaban la inmortalidad. El archisabio Arakill había engañado a los elfos del Bosque de los Espíritus para hacer suyo ese poder.

—… Rey… demonio… Leo… nis…

Los rostros del archisabio se retorcieron de manera antinatural en la superficie del árbol, hablando con voz forzada al chico parado ante ellos.

—Ah, así que puedes hablar. Y yo que pensé que perdiste por completo tu conciencia.

—… Yo pensé que… moriste… hace mil años…

—Para tratarse de un archisabio, eres muy tonto.

Se burló Leonis.

—Yo nunca morí, solo sellé mi alma.

—… El único tonto aquí… eres tú… El mundo ya… ha cambiado…

—Sin duda lo ha hecho, especialmente la comida, que se ha vuelto más deliciosa.

El archisabio continuó, ignorando las palabras de Leonis como si fueran tonterías.

—El mundo… renacerá… con la Estrella de la Nada…

—¿La Estrella de la Nada?

—La Nada me ha elegido… ¡como heraldo del evangelio de la Estrella!

La risa demente del archisabio resonó por el enorme túnel subterráneo.

—… ¡Cuidado!

Blackas levantó la voz, advirtiéndole.

—¡Tch!

Alejándose, Leonis cantó el hechizo de octavo nivel Múltiples Cortes Helados, «Sharianos». Unas cuchillas de hielo frígido aparecieron en el aire, apuñalando las raíces del Árbol Sagrado desde todas las direcciones. ¡Los zarcillos afilados se estrellaron contra el suelo y se dirigieron a Leonis!

—¡Arooooooooooo!

El cuerpo de Blackas tembló cuando liberó su Aullido Explosivo, reduciendo las raíces a polvo.

—¡¿Qué pasa, Leonis?! ¡No es propio de ti!

—… Cierto.

Ante la reprimenda de Blackas, Leonis se miró las manos.

—Parece que mi maná se ha debilitado enormemente.

—¿Qué?

Por supuesto, regresar a su cuerpo humano tenía algo que ver, pero no podía haber sido solo eso. El poder de su hechizo «Zof Amadia» de antes y su «Sharianos» de ahora… ambos, eran significativamente más débiles de lo que debían haber sido.

—Ya entiendo. ¡Es este lugar…!

Dedujo Leonis. Por así decirlo, estaba dentro del cuerpo del Árbol Sagrado. Las raíces esparcidas por todos lados drenaban su maná constantemente.

—… Correcto, Rey… demonio…

Resonó la voz del archisabio.

—Vuélvete mi… vuélvete el alimento de Arakill Degradios.

Las frutas de la inmortalidad del gran árbol estallaron, produciendo incontables Voids de diferentes formas.

—¿Y qué?

Leonis sonrió débilmente.

—… ¿Qué…?

—Esta es una muy buena desventaja para mí, dado que mi oponente es una planta en una maceta que se rehúsa a morir.

Leonis levantó su báculo y la presencia de la muerte lo rodeó rápidamente. La sombra a sus pies se expandió inmediatamente y resonó con el escalofriante sonido de los huesos repiqueteando.

—Hechicería personal, ¡Crear Legión de No Muertos!

Un ejército de esqueletos salió de su sombra, cada uno sosteniendo un arma que brillaba con energía mágica. Clac, clic, criic, clac… Una verdadera colina de huesos surgió bajo los pies de Leonis. Desde la cima, Leonis miró a la horda de Voids. La escena se había vuelto una recreación exacta de la batalla de la Llanura de Sidón, mil años atrás.

—¡Ejército de leales no muertos, invadan a mi tonto enemigo!

Mandó Leonis con valentía. La montaña de huesos repiqueteó y rechinó mientras se abalanzaba como una ola.

 

 

¿Leo…? La consciencia de Riselia despertó dentro de la oscuridad… Pensó que había escuchado su voz.

—¡…!

La chica trató de moverse, pero unas vides envolvían su cuerpo firmemente, dejándola inmóvil.

(Cierto, ese árbol me atrapó después de que derrotáramos a un Void…)

Y así fue como perdió la consciencia. Su campo visual estaba oscuro y no podía ver nada. Cuanto más intentaba luchar, más la apretaban y restringían las vides. Y, sobre todo, el miasma podrido que los Voids producían cubría el aire a su alrededor. Si no fuera una no muerta, seguramente habría podrido sus pulmones desde el interior.

—… ¡Suéltame…!

Mordió las vides con sus colmillos afilados, pero no pudo cortarlas.

(… ¿Qué hago…?)

Incluso si invocaba su Espada Sagrada, no sería de mucha ayuda si no podía moverse. Pero entonces…

—lia… ¿me escuchas…?

La voz del chico sacudió sus tímpanos.

—¡¿Leo…?!

El dispositivo de comunicación que colgaba de una de sus orejas se iluminó, pero la voz del chico se cortó tan rápidamente como había aparecido. Leonis estaba yendo a salvarla… y solo eso le dio fuerzas. En la superficie, Regina y Sakuya probablemente también estaban luchando.

(Es cierto… ¡Si no lucho ahora, ¿para qué desperté el poder de una Espada Sagrada entonces?!

Un brillo tenue empezó a irradiar del cabello plateado de Riselia.

 

 

Leonis aumentó su agarre sobre el dispositivo de comunicación tipo auricular. Riselia no daba respuesta. No sabía si su voz la había alcanzado o no, pero sí que ella estaba ahí. No había duda.

El príncipe lobo demoniaco del Reino de las Sombras navegó por los huesos como si surfeara en olas crecientes.

—Dragón oscuro de llamas, devora a mis enemigos. ¡Jirus Vera!

Montando a lomos de su fiel amigo, Leonis cantó un hechizo de sexto nivel. Unas llamas negras de oscuridad tomaron la forma de un dragón y devoraron a los Voids. Era uno de los hechizos únicos y personales del Rey de los Inmortales. Su magia amasaba los elementos de muerte y fuego en uno solo.

Un fuego negro se desenfrenó comiendo al Árbol Sagrado inmortal mientras un ejército de esqueletos soldado continuaba su avance.

—… Canto un himno… de luz…

Incontables rostros del anciano aparecieron en el tronco del Árbol Sagrado y todos recitaron las mismas palabras al unísono.

—… ¡¿Está usando hechicería?!

Los ojos de Leonis se ensancharon. Arakill estaba tratando de realizar un hechizo de magia sagrada de alto nivel. Además, era un hechizo de múltiples personas, hecho por medio de sus incontables rostros.

(… Como los sacerdotes de la Secta Sagrada.)

Los sacerdotes bajo el mando de Arakill probablemente también se habían fusionado con el Árbol Sagrado. Leonis no tenía forma de saber si habían sido forzados o habían sacrificado sus cuerpos voluntariamente por los Seis Héroes…

De todas formas, un enorme círculo mágico brilló suspendido en el aire. Era un hechizo sagrado de octavo nivel, el Cañón de Luz Divina, «Lex Megido». Unos destellos de luz llovieron como truenos, aniquilando el ejército de no muertos. Los esqueletos que recibieron golpes directos fueron reducidos a cenizas inmediatamente, pero es que las ondas sísmicas del hechizo fueron suficientes para arrebatar la pseudovida de los esqueletos, regresándolos a simples huesos.

—¡Blackas!

El gran lobo saltó en respuesta a la orden de Leonis, pasando entre las cuchillas de luz sagrada. Se acercaron al Árbol Sagrado.

—Oscuridad, estalla. ¡Arzam!

Leonis realizó un hechizo de décimo nivel. Unas llamas negras combustionaron en el aire, golpeando al Árbol Sagrado. Pero la enorme planta simplemente generó nuevos rostros para reemplazar a los que habían sido destruidos. Los nuevos retomaron su canto rápidamente. Una barrera de luz cayó como una cortina, repeliendo la oscuridad y borrando el hechizo de Leonis. Arakill había lanzado un hechizo defensivo: la Barrera Sagrada «Ras Gu Roa».

(Puede conjurar un hechizo de octavo y séptimo nivel al mismo tiempo…)

Leonis chasqueó la lengua mientras aterrizaba en el suelo. Por supuesto, él también podía hacer eso, pero el hecho de que aún pudiera usar hechicería así, incluso después de haber perdido tanta inteligencia…

—Ya veo. No es sorpresa que te llamen archisabido.

Dijo Leonis con una sonrisa irónica.

—Qué cantidad tan grande de maná. Incluso excede la que tenía cuando estaba vivo, ¿no?

Preguntó Blackas.

—Sí…

El Rey de los Inmortales hizo un breve asentimiento.

—Probablemente está absorbiendo maná directamente de ese enorme cristal.

Arakill efectivamente tenía una fuente inagotable de maná, lo que le permitía lanzar múltiples hechizos al mismo tiempo. En comparación, el maná de Leonis estaba siendo mermado solo por su presencia ahí.

(… Estaré en desventaja si esta batalla dura demasiado.)

Arakill, por otro lado, se había fusionado con el Árbol Sagrado y era inmortal. Podía recuperarse casi instantáneamente de cualquier hechizo promedio, por lo que mientras viviera podría producir un suministro interminable de Voids. Este lugar era un altar, un altar de sangre preparado para el único propósito de asesinar a Leonis como sacrificio.

—¡Le… o… ni… iiiiiiiiiiisssssssss!

Los muertos consumidos por el Árbol Sagrado aullaron. No había conciencia en sus lamentos. Todo lo que Leonis podía escuchar era hambre.

Las raíces se agitaron para golpear al niño, pero él las repelió con una secuencia de hechizos de gravedad. Un hechizo de destrucción de alto nivel podría arrasar toda esta área, pero eso también destruiría el cristal de maná que suministraba energía al Jardín de Asalto. Además, Riselia también se vería atrapada en la explosión…

(Mi subordinada, ¿eh…?)

Entonces a Leonis se le ocurrió una idea.

(Será una apuesta…)

El rey demonio fortaleció su agarre en el dispositivo en forma de auricular y dijo…

—Blackas, voy a intentar algo imprudente.

—Imprudente, ¿eh? Muy bien. Después de todo, soy el príncipe del Reino de las Sombras.

El enorme lobo negro sacudió su cuerpo. Él era el irremplazable hermano de armas de Leonis, alguien que había corrido a su lado en incontables campos de batalla. Incluso sin más explicaciones, el lobo podía saber lo que Leonis estaba pensando.

De nuevo, Leonis comenzó un hechizo invocando una legión de no muertos.

—¡Ejército de no muertos, sigan mi mando…!

Las tropas soltaron un grito entusiasmado y estrepitoso mientras miraban fijamente la cara de Leonis.

 

 

—¡No perderé…! ¡No… perderé…!

El maná iluminaba el cabello plateado de Riselia mientas rasgaba las vides del Árbol Sagrado y empezaba a salir a rastras. Cuanto más luchaba, más se enterraban las vides en su piel, dejando laceraciones sangrantes por todo su cuerpo. Incluso así, Riselia persistió…

—¡Vamoooooooooos!

(No perderé. ¡No lo haré, no lo haré, no lo haré, no lo haré…!)

—¡Absolutamente no perderé…!

Ese día, hacía seis años, el Tercer Jardín de Asalto fue infestado de Voids y sus padres fueron asesinados. Ese día lo había jurado: “¡No quiero ser alguien que siempre espera a ser rescatada…!”.

La sangre de la chica brotó; ese rabioso fluido caliente se reunió y se convirtió en una espada de filo inigualable. Entonces cortó las vides que ataban sus extremidades.

 

 

—¡Uuuuooooooooooooooooh!

Incontables círculos mágicos aparecieron rodeando a Leonis y Blackas. Las llamas de la magia sagrada de octavo nivel, Cañón de Luz Divina, consumieron al ejército de esqueletos. Parado sobre la montaña de huesos tirados, Leonis se apresuró a subirse a la espalda de su compañero lobo de color negro. Un Void de clase gigante se levantó de debajo de los escombros, agitando sus enormes puños en un intento por aplastarlos.

—¡Gran Beld!

Disparando Explosión de Destrucción Pesada, un hechizo de gravedad de séptimo nivel, tiró el inmenso cuerpo del Void al suelo lanzando piedras al aire. Algunos trozos de rocas rozaron su rostro, dejando hilillos de sangre que bajaban por su piel.

Las raíces del árbol entraron en acción. Incontables rostros aparecieron en sus puntas, cantando magia sagrada. Lanzó otro Cañón de Luz Divina.

—¡Blackas!

Leonis saltó de la espalda del lobo negro clavando la punta de su báculo en el Árbol Sagrado. El cuerpo del Príncipe de las Sombras, Blackas, se volvió sombra y se enrolló en el brazo de Leonis mientras lo balanceaba. Este era otro hechizo personal de Leonis, Aullido de Fuego. La cabeza del lobo negro aulló. Rodeado por enormes cantidades de maná, la bestia avanzó rápidamente entre la horda de Voids y mordió los rostros que aparecían en el tronco del Árbol Sagrado.

El maná de Leonis y el de Arakill colisionaron, repeliéndose. Pero Leonis solo tenía la cantidad de maná de un cuerpo humano, mientras que Arakill tenía a su disposición un cristal de maná capaz de proporcionar energía a una ciudad entera. La diferencia en sus capacidades era tan clara como la del cielo y la tierra. Leonis solo podía seguir el ritmo porque era el orgulloso Rey de los Inmortales, quien había dominado las artes arcanas.

(… ¿Dónde estás?)

Leonis aguzó la vista, tratando de mirar en las profundidades retorcidas del Árbol Sagrado. Examinó cada pulgada, buscando a su subordinada entre las sofocantes y cegadoras cantidades de maná… y entonces encontró algo: una intensa concentración de energía mágica.

—… ¡Ahí estás!

Leonis cerró uno de sus ojos, extendió el brazo izquierdo… y chasqueó los dedos.

—¡Li Ray!

El hechizo Destello Relámpago usaba electricidad para lanzar cuchillas a altas velocidades; era una técnica de asesinato. Sin embargo, no había lanzado una cuchilla, sino que fue el dispositivo de comunicación de Riselia. El accesorio tenía una forma muy aerodinámica, aunque lanzar algo así con el hechizo no tenía oportunidad de dañar a Arakill.

—… ¿Ese es tu… último recurso… Rey de los Inmortales…?

Los rostros en el tronco del árbol se carcajearon maniáticamente.

—Ríe todo lo que quieras. El único tonto aquí eres tú, archisabido.

Contestó Leonis confiadamente. Fue entonces cuando una grieta repentina recorrió el enorme y regenerativo tronco del Árbol Sagrado. ¡Criiiiiic, plas! Una luz roja del color de la sangre se filtró por las fisuras, devorando al Árbol Sagrado desde el interior.

—¿Qué…? ¿Qué hiciste…? ¡¿Qué hicisteeeeeeee?!

Los rostros en el tronco del árbol se contorsionaron de dolor.

—Oh, simplemente compartí algo de mi sangre y maná con mi subordinada.

La superficie del Árbol Sagrado se resquebrajó, y entonces… se abrió de golpe. Una ráfaga de cabello largo plateado se extendió como alas de luz mágica.

—¡Leo!

La reina vampiro, Riselia Cristalia. Sus ojos brillaban con un tono carmesí.

(¡Despertó su poder vampírico…!)

La imagen de ella extendiendo sus alas de maná para volar y mirar lo que yacía debajo era extraordinariamente hermosa.

—Leo… Aaaah, ¡¿aaaah?!

Pero, entonces, desacostumbrada como estaba a sus nuevos apéndices mágicos, dio un aleteo y ejecutó una torpe caída en picado.

(… Aún no está acostumbrada a sus alas de maná.)

Con el apoyo de la magia de gravedad de Leonis, pudo aterrizar a su lado.

—Veo que has aprendido a usar tus poderes de vampiro.

—Sí. Esta es tu sangre, ¿no…?

Riselia abrió las manos, revelando un pinganillo manchado de sangre. Sin duda era la sangre de Leonis, cargada con enormes cantidades de maná.

—Eso solo fue el activador. Tu maná ya de por sí es desbordante, Selia.

Leonis sabía que ella estaba al borde de despertar dentro del Árbol Sagrado. Él simplemente le dio su sangre para que hiciera de catalizador para la explosión.

—¿Necesitas más?

Leonis le extendió su dedo, provocando que Riselia se sonrojara.

—¡Y-Ya tuve suficiente!

La joven entonces se giró y miró al Árbol Sagrado, que seguía gritando de agonía.

—Así que ese es el señor Void…

Dijo con su rostro rígido de incomodidad ante la apariencia antinatural de la monstruosidad.

—Vuelve a crecer muy rápido… ¿Cómo vamos a detenerlo…?

—Selia, ¿podrías conseguirme algo de tiempo?

—¿Eh?

—Lo borraré por completo.

Riselia pareció dudar de si Leonis realmente era capaz de tal hazaña, pero ocultó su preocupación. Él esbozó una sonrisa tranquilizadora y aumentó el agarre en su báculo.

—Me tomará un tiempo hacerlo, así que protégeme hasta entonces.

—… Entendido.

Asintió con su voz llena de confianza. Riselia entonces alzó una mano al aire.

—¡Actívate!

Con eso, una espada carmesí se formó entre sus dedos. La pasó por su brazo como si estuviera tocando un instrumento de cuerda. La sangre caía mientras cortaba su carne; el líquido rojo formó un charco a sus pies mientras hacía una mueca por el dolor.

—¿Qué estás haciendo?

—¡Te mostraré cómo se usa esta Espada Sagrada…!

—¡Uuooooooooooooooooh!

Un grupo de Voids clase gigante recién nacidos cargó hacia ellos. Riselia llevó su espada carmesí manchada de sangre al suelo. Al momento siguiente, la sangre en el suelo se levantó, formando un sinnúmero de cuchillas flotantes.

—Esta es mi Espada Sagrada, ¡la Espada Sangrienta!

Riselia pronunció el nombre del arma orgullosamente. Entonces, las cuchillas de sangre avanzaron cortando a los Voids que venían hasta hacerlos trizas.

(… ¡¿Tiene la habilidad de proteger a su portador automáticamente?!)

Una Espada Sagrada era un reflejo del alma de su portador, y la habilidad de esta en concreto permitía manipular la sangre… Una habilidad más que adecuada para una chica que se volvió una reina vampiro.

—¡Te protegeré, Leo!

Incontables flores de sangre florecieron.

—… Ya veo. Has encontrado a una subordinada verdaderamente habilidosa.

Dijo Blackas, surgiendo de la sombra de Leonis.

—Sí. Como pensé, es digna de ser mi mano derecha.

Respondió el chico con una sonrisa. Y ahora, como su amo, tenía que responder a los esfuerzos de su subordinada de la misma forma. Destruiría al archisabio Arakill con la dignidad del Rey de los Inmortales. No había necesidad de contenerse ahora que su sirvienta estaba segura.

(Se acabaron los juegos.)

Leonis giró la empuñadura de su báculo ligeramente y cayó pesadamente al suelo. El báculo ocultaba una espada adentro. Una ola de maná abrumadora salió en el momento que el arma fue desenvainada.

—¿Q-Qué…? ¡¿Qué es esto…?!

Exigieron saber los innumerables rostros tallados en el Árbol Sagrado. Dentro del árbol, el poderoso archisabio estaba asustado. Leonis caminó hacia delante lentamente.

—¡¿Leo?!

Exclamó Riselia.

—Cierta diosa celosa me dijo una vez que no fuera por ahí desenvainando esta espada innecesariamente…

 

El Bastón Mágico del Juicio era un artefacto de clase legendaria, pero en realidad solo era la vaina para el arma de clase mitológica que ocultaba. El rey demonio solo había empuñado esta espada dos veces. La primera, redujo la montaña que era el hogar del enorme Dragón Sagrado a una tierra quemada… La segunda vez mató a un dios.

—¡Uuuuuuuuooooooooooooh!

El enorme cristal de maná se llenó de luz. El Árbol Sagrado se estaba preparando para lanzar el hechizo de décimo nivel Aniquilación de la Providencia, «Aion». Planeaba destruirlo todo. Este era el núcleo del Jardín de Asalto, y si este lugar era destruido, toda la ciudad colapsaría. Tal vez Arakill confiaba en que el Árbol Sagrado sobreviviría con su inmortalidad.

(… No, esa cosa probablemente ya no tiene la suficiente inteligencia para entender eso.)

Leonis soltó un suspiro de exasperación y blandió su espada. La hoja brillaba de oscuridad. Esta era la espada sagrada entregada al más grande espadachín entre los Seis Héroes, Leonis. ¿Una espada sagrada…? No, la bendición de la diosa la había reforjado en una espada demoniaca, una que debía ser mantenida sellada para poder contener su intenso poder.

—Tú eres la espada que salvará al mundo, obsequiada por los cielos. Tú eres la espada que arruinará el mundo, hecha para rebelarse contra los cielos. Una espada sagrada, santificada por los dioses. Una espada demoniaca, bendecida por la diosa. Yo declaro estas tierras como mi reino y te empuño para devastar a mis enemigos. Deja que tu nombre, sumergido en la oscuridad, suene… ¡La Espada del Demonio Dáinsleif!

La Espada del Demonio brillaba por la luz mientras Leonis preparaba su hoja negra. Era la antítesis de una espada sagrada. Había sido bendecida por la diosa que se rebeló contra los dioses de la esfera celestial. Y, dado que era empuñada por un Señor Oscuro, se volvió conocida como la Espada del Demonio. Sin embargo, Dáinsleif aún retenía su voluntad de cuando era una espada sagrada y fue sellada para que solo pudiera ser desenvainada bajo una condición muy específica, y esa condición era… proteger el reino de uno.

Dáinsleif originalmente fue forjada para proteger el país de uno; un arma para salvaguardar los reinos y ahuyentar a los invasores… Así que el Rey de los Inmortales proclamó esta tierra, el Séptimo Jardín de Asalto, como su reino. Declaró que los ciudadanos en la superficie eran sus súbditos y la Academia Excalibur el castillo en el que reinaría. El hecho de que pudiera desenvainar la Espada del Demonio exitosamente significaba que reconoció esto como los dominios de Leonis.

Fue completamente inesperado y espontáneo, pero a partir de este momento el Séptimo Jardín de Asalto y la Academia Excalibur se habían vuelto la base para el resurgimiento de los ejércitos de los Señores Oscuros. Y este señor Void que amenazaba las vidas de sus súbditos era…

—Tú eres el enemigo que debo derrotar.

Decretó Leonis con determinación. Sujetó la Espada del Demonio en sus manos.

(… Imposible… ¿Por qué posees… la espada sagrada que derrotó a un dios…?)

Las voces temerosas del archisabio reverberaron por el túnel subterráneo.

—… ¿Oh? ¿Has recuperado suficiente de tu conciencia para conocer el miedo?

Se burló Leonis por un momento antes de desaparecer de donde estaba.

—¡¿Leo?!

Riselia alzó la voz, sorprendida.

La Diosa de la Rebelión había sellado más que solamente el poder de la Espada del Demonio en su hoja; también había sellado dentro del arma el poder de Leonis y la experiencia de cuando era un héroe. Lo que significaba que, cuando Leonis blandiera la Espada del Demonio, recuperaría el poder del mayor espadachín que alguna vez vivió.

El maestro de la Espada del Demonio cortó a los Voids reunidos en un parpadeo y saltó alto en el aire. Los rostros del archisabio se retorcieron y contorsionaron grotescamente en el tronco del Árbol Sagrado.

—¿Últimas palabras, rey de los Voids…?

—… La ruina… no puede ser revertida… sin importar qué…

—Soy el rey demonio, el destino está gobernado por mi mano.

Dijo Leonis burlándose, y entonces…

—Arte Secreta de Espada de la Escuela del Reino Rognas, ¡Ragna Lost!

La hoja de la Espada del Demonio desató una increíble luz negra, borrando al Árbol Sagrado de la existencia.

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