Seiken Gakuin no Maken Tsukai Volumen 1 Capítulo 8

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Con el estridente sonido de la sirena repiqueteando en sus oídos, la instructora Diglassê se apresuró hacia la sala de conferencias táctica de la Academia Excalibur. Varios instructores ya estaban ahí reunidos. El aire era casi tangiblemente tenso.

—¿Cuál es la situación?

—Un contingente de Voids ha aparecido en el fondo del mar directamente debajo del Jardín de Asalto.

Dijo el Espadachín Sagrado que servía como comandante en jefe interino. Su nombre era Castoros Nekeo, un hombre musculoso al final de los treinta.

—Y no es solo un simple grupo grande, parece una estampida…

Esa palabra dejó atónitos a todos en la sala. Una estampida; un fenómeno mediante el cual un enjambre de Voids, conducidos por un líder poderoso llamado “señor Void”, estaba fuera de control. Los recuerdos de la destrucción del Tercer Jardín de Asalto a manos de una estampida así aún estaban frescos en la memoria de muchas personas.

—¿No llegó ninguna señal de esto?

Preguntó Diglassê mientras sudaba frío.

—Desafortunadamente, no tenemos ningún medio para detectar a un señor Void.

Respondió un investigador con lentes.

—¿Sabemos cuántos Voids hay ahí afuera?

Preguntó un anciano de cabello blanco. Era un consejero militar enviado desde Camelot.

—Se estima que su número excede varias centenas…

—¡¿Varias centenas…?!

Tantos enemigos significaba que sus oportunidades eran desesperanzadoras, incluso si todos fueran Voids pequeños. Pero, si esto realmente era una estampida, entonces existía la posibilidad de que un señor Void, uno de clase extremadamente grande que comandaba las hordas, apareciera.

—Sea cual sea el caso, nuestras máximas prioridades son evacuar a los civiles y ubicar al líder Void. Ordeno que las defensas de la academia se fortalezcan mientras nuestros escuadrones trabajan en llevar a salvo a los civiles.

 

 

 

 

Riselia salió apresuradamente con la sirena resonando todo el tiempo. Leonis la siguió, no muy seguro de qué estaba pasando…

(… ¡¿Q-Qué es eso?!)

El cielo estaba cubierto por un mar de nubes grises. No, no eran nubes. Una bandada de monstruos alados deformes volaba por el horizonte, y su cantidad bloqueaba el sol.

—Voids…

Estos eran más pequeños que los que había visto en las ruinas, pero… no había duda; eran del mismo tipo de criaturas. La sirena resonaba en sus oídos como un grito, y los ciudadanos del Jardín de Asalto que estaban caminando por las calles simplemente alzaron la mirada, impactados.

(¿De dónde vinieron todas estas moscas…?)

Recordó la colonia bajo el mar que Elfiné estaba supervisando…

—¡No! ¡¿Por qué hay una estampida aquí…?!

Riselia miraba boquiabierta con una expresión de desesperación pura.

—¿Qué está pasando?

—No lo sé.

Sacudió la cabeza.

—De todas formas, tenemos evacuar a todos…

En el momento que giró haca el orfanato, una gruesa neblina negra llenó de repente la calle. Una sombra masiva creció donde el miasma era más denso. Rápidamente tomó la forma de una colección de pesadillas deformadas que se parecían a muchas bestias diferentes: eran Voids.

—¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah!

Gritos aterrados surgieron de todos lados ante la vista de los Voids. Algunas personas corrían, mientras que otras abordaban vehículos y se iban.

—¡Todos, cálmense! ¡Diríjanse a los refugios!

Gritó Riselia, pero su voz falló a la hora de llegar a las personas en pánico. La chica se mordió el labio inferior amargamente, probablemente recordando la estampida que había destruido su ciudad natal.

Cuatro, cinco, seis… Los Voids parecidos a quimeras se escabulleron de la niebla negra, uno tras oro.

—¿Estos Voids también tienen una denominación?

—Son una clase grande de Void que es una mezcla de bestias diferentes; los llamamos clase mantícora.

(… Ya veo. Así que los llaman mantícoras en lugar de quimeras. Pero aun así están basados en la apariencia de un monstruo antiguo.)

—¡Vooooooooooooooooooooooo!

Los Voids clase mantícora agitaron sus colas, aplastando edificios cercanos.

—¡…!

Riselia miró hacia atrás. Los niños aún estaban en el orfanato. No podrían escapar en el caos.

—Necesitamos pedir ayuda a la academia…

Riselia activó el pendiente de comunicación que colgaba de su oreja, pero solo escuchó estática.

—Leo, ponte detrás de mí…

Dijo Riselia. Aún no sabía que Leonis había derrotado a los Voids en las ruinas, solo conocía el poco poder que había mostrado cuando lucharon contra Muzel. Su subordinada se paró en frente de Leonis en un intento por protegerlo. No era que estuviera excesivamente confiada del poder de su Espada Sagrada, no. Leonis pudo ver la intención en los ojos de Riselia. Era la solemne resolución de un caballero.

—¿No estás asustada?

—Por supuesto que sí. Si no tuviera mi Espada Sagrada, podría haber huido. Pero…

Riselia miró hacia el frente.

—¡Ya no puedo permitirme correr!

Uno de los Voids clase mantícora destrozó el suelo bajo sus pies cuando saltó. El cuerpo de la criatura trazó un arco en el aire, cerrando la distancia entre ellos de un solo salto.

—¡Zoooooooooooooooooo!

Su peso masivo rompió el asfalto debajo de él, formando pequeños cráteres cuando aterrizó.

—¡Actívate!

Gritó Riselia, y una espada delgada se formó en sus manos.

—¡Haaaah!

Alzó la voz en un grito de batalla y dio un golpe rápido a la cabeza del Void. Su espada destelló, pero…

—… ¡¿La hoja no lo está atravesando…?!

Su ataque hizo poco más que un rasguño a la cabeza del monstruo, fallando en infligir algún daño fatal.

—¡Goooooooooooooooooh!

El Void grande golpeó a Riselia con una de sus patas delanteras…

—¡Belda Gira!

¡Bang! Leonis disparó el hechizo Bombardeo de Gravedad Pesada que distorsionó el aire alrededor. El cuerpo colosal del Void clase mantícora fue aplastado bajo la presión de su magia.

—Elogio tu valentía, pero evaluar primero la fuerza del enemigo es importante.

Dijo.

—¡¿L-Leo?!

Riselia dio un paso atrás con una expresión impactada en su rostro. El Bastón Mágico del Juicio, habiendo emergido de la sombra de Leonis, estaba siendo sostenido en las manos del chico.

—¿Fuiste tú?

—Ten cuidado. Aún vienen más…

Dijo Leonis, alerta. La gran bandada que bloqueaba el cielo estaba descendiendo. Entre el enjambre había uno que claramente empequeñecía al resto.

—¿Eso es…? ¡¿Puede que sea un señor Void?!

Riselia soltó un jadeo nervioso. En contraste, Leonis simplemente sonrió indomablemente.

(… ¡Oh, qué nostálgico!)

 

 

Entre los aullidos penetrantes de la sirena, los miembros del Decimoctavo Escuadrón corrían por el tercer distrito residencial, el más densamente poblado del Jardín.

—¡Por favor, diríjanse a su refugio más cercano!

Elfiné usó los orbes de su Espada Sagrada para buscar en el área. La mayoría de los ciudadanos ya habían evacuado a los refugios subterráneos, pero aún podía haber algunos que fallaron al intentar escapar a tiempo. El sonido de los aleteos podía ser escuchado desde la distancia.

—… ¡¿De dónde vino tan enorme manada…?!

Regina, quien estaba colocada en terreno más alto, exclamó mientras usaba su Drag Howl para bombardear a los Voids voladores.

El Jardín de Asalto ya había cambiado a modo de defensa y estaba disparando grandes cortinas de fuego, pero las armas convencionales no afectaban a sus enemigos. Muchos de los estudiantes más jóvenes ya habían huido. La mayoría entre los que podían invocar Espadas Sagradas no tenían ninguna experiencia real luchando contra Voids. Después de todo, este era el primer ataque de Void al Séptimo Jardín de Asalto en los seis años desde su construcción.

—Señorita Elfiné, ¿puedes contactar a la señorita Selia?

—Hay una poderosa señal de interferencia que impide la conexión.

Al parecer, un Void de alguna forma estaba interrumpiendo sus comunicaciones a larga distancia.

—… Señorita Selia…

—Entiendo tu preocupación, Regina, pero en este momento necesitamos…

—Sí, lo sé.

Regina era una superviviente de la tragedia del Tercer Jardín de Asalto y amiga de la infancia de Riselia… Decir que estaba intranquila sería quedarse corto. Y Leo también estaba desaparecido… Pensó que ambos probablemente estaban en el orfanato cerca del distrito comercial. Elfiné había enviado allí uno de sus orbes para investigar.

Los ojos de los Voids brillaron de color carmesí mientras sus garras rechinaban con un sonido horrible. Podrían no tener nada de inteligencia en sí, pero Elfiné tuvo un presentimiento de que había algún tipo de unidad entre la manada.

—¡Hay demasiados…!

—¡Controlen a los Voids grandes con grupos de cuatro o más!

La voz del comandante del batallón vino de la terminal de comunicaciones.

El oficial al mando se encargaba del orden táctico, pero las acciones de cada escuadrón individual recaían en sus capitanes. Eso era porque solo los miembros del escuadrón estaban familiarizados con los poderes de sus Espadas Sagradas y las tácticas que eran más efectivas.

—Regina, abriré un camino. Cúbreme.

Sakuya dio un paso al frente con su atuendo de Orquídea Sakura ondeando en el viento. No había rastro de miedo en sus ojos. En el fondo de esos estanques claros ardía un intenso odio por los Voids.

—Corta a todos los que se te opongan, Espada de Trueno. ¡Actívate!

Cantando las palabras que desbloqueaban su poder, la chica invocó su Espada Sagrada. La misma alma del clan Orquídea Sakura se materializó en su mano: una katana. Era su Espada Sagrada, la Espada de Trueno Raikirimaru.

—¡Hagamos esto, criaturas malditas!

Las botas de Sakuya patearon el suelo. El viento silbaba con cada ataque de su espada, que se movía a una increíble velocidad, como si ella fuera un rayo atravesando los cielos. Una electricidad azul brotó, lamiendo a los Voids y quemándolos hasta volverse brasas. Pero el rayo solo era un derivado de su poder. Con cada corte aceleraba, moviéndose aún más rápido; tal era la verdadera fuerza de la Espada Sagrada de Sakuya.

—¡Habilidad con la espada estilo Mikagami, Danza del Sakura!

Con un solo destello de la espada de Sakuya Sieglinde, los cortes florecían en sus enemigos como flores en primavera. Esta técnica que la pequeña chica empleó era un arte secreto legado en su aldea natal, un recuerdo del clan Orquídea Sakura. Con esta carnicería encarnada, cortó a los Voids pequeños.

—¡Te cubro las espaldas, Sakuya!

El Drag Howl de Regina disparó una llamarada, haciendo retroceder a una bandada de depredadores. Fue entonces cuando pasó.

—¡Esperen! ¡Viene algo!

La exclamación de Elfiné se extendió por su dispositivo de comunicación. Fue algo que solo su Espada Sagrada, el Ojo de la Bruja, había detectado.

—¡Hay… algo enorme acercándose…!

El asfalto se cuarteó y se destrozó ante la inminente amenaza.

—¡Uoooo, uooooooooooooooooo!

Un Void enorme del tamaño de un edificio de cinco pisos apareció. Era una bestia titánica con siete cabezas.

—No puede ser… ¡¿Un clase hidra…?!

 

 

Varios Voids rodeaban a Riselia y Leonis mientras los dos estaban con sus espaldas hacia el orfanato. Los grandes clase mantícora y los pequeños clase sabueso del infierno se acercaban aún más. Y, detrás de ellos, el Void enorme que llenaba el cielo gris.

—… ¿Eso es un señor Void?

Preguntó Leonis.

—Sí, probablemente es el que está liderando a los demás…

Afirmó Riselia. La forma en que aleteaba recordaba a los dragones, el tirano de los cielos. Pero sus alas parecían haberse podrido por el miasma oscuro que había aparecido con los Voids. El cuerpo del señor titánico se retorcía en patrones espeluznantes.

(Y pensar que incluso los grandes dragonkin han sido reducidos a Voids…)

Leonis sintió una emoción indescriptible que le punzaba el corazón. Fueron una orgullosa raza que reinaba los cielos hacía mil años. El Señor Dragón Veira había luchado valientemente durante la guerra contra los Seis Héroes.

(Esto es una muestra de misericordia. El Rey de los Inmortales se pondrá a descansar.)

Leonis levantó el Bastón Mágico del Juicio. Si este Void poseía una resistencia a la magia a la par que la de un dragón, un hechizo normal no sería suficiente para derrotarlo.

—¡Guuuuuuuuuoooooooooooooooooooooooooooh!

Aulló el imponente señor y, como si respondieran a su llamado, los Voids en el suelo empezaron a arremolinarse alrededor de Leonis.

—Selia, voy a usar un hechizo poderoso. Necesito que me protejas un tiempo.

—¡De acuerdo!

Riselia dio un paso al frente, blandiendo su Espada Sagrada. Mientras Leonis realizaba un hechizo destructivo de gran rango, también preparó una multitud de hechizos de fortalecimiento: Atributo de Protección, Barrera de Maná, Aumento de Maná, Mejora Física, Aumento de Agilidad…

—¡Haaaaaaaaaaaaaaaah!

Riselia se lanzó al enjambre. La punta de su espada atrapaba la luz mientras cortaba a sus enemigos libremente. Sus movimientos eran rápidos y fluidos, prueba de que su cuerpo se estaba acostumbrando a luchar como una reina vampiro.

—Estrellas celestiales en el cielo, ustedes, arrogantes selladoras del juicio…

Cargando su báculo con grandes cantidades de maná, Leonis empezó a realizar un hechizo de décimo nivel.

“… ¿Pero qué estoy haciendo aquí…?”, pensó Leonis con un dejo de autodesprecio. Su objetivo era encontrar a la reencarnación de la diosa y restaurar los ejércitos de los Señores Oscuros. No debía preocuparse por si una ciudad humana era destruida por Voids o no. Que hiciera una gran demostración de poder aquí solo le hacía correr el riesgo de exponer su identidad. Sin embargo… Leonis miró al enorme Void. Cualquier tonto que escogiera pelear contra el rey demonio y su subordinada no podía ser ignorado.

Completó su hechizo, un hechizo de destrucción de décimo nivel llamado Estrella Oscura, «Zemexis Jyura». Incontables bolas de fuego aparecieron en el aire, lloviendo sobre los Voids. Las explosiones sacudieron el aire a su alrededor, mandando ondas de calor en todas direcciones.

—… Ah, ¿L-Leo? ¡¿No es esto peligroso?!

Preguntó Riselia un poco asustada.

—¡Este hechizo está hecho para seguir a sus objetivos, así que solo quédate ahí!

—No puedo escuchar… ¡Aaaaah!

¡Buuuuuuuum! Las bolas de fuego chocaron contra edificios cercanos, reduciéndolos a escombros. Mucho humo negro salía de sus alrededores e incontables cráteres aparecían en el suelo. Un grupo de Voids clase mantícora había sido hecho pedazos en la cortina de fuego.

—Umm, ¿tal vez puse un poco mal las coordenadas?

Leonis inclinó la cabeza con una expresión descontenta. Controlar el maná era muy difícil con su cuerpo actual. No obstante, confiaba en que pronto se adaptaría.

Las sacudidas de las explosiones habían golpeado algunas decoraciones del techo del edificio, pero al menos el orfanato estaba ileso. Y cuando las explosiones intermitentes cesaron…

—¿Qué fue eso…?

Riselia se levantó.

—Ten cuidado. Sigue vivo.

—¿Eh?

En cuanto las palabras de Leonis dejaron sus labios…

—¡Guooooooooooooooooooooo!

con un rugido, el enorme Void que había estado arrodillado en el suelo se levantó. La criatura medía treinta metros de largo. Su forma masiva fue envuelta repentinamente por una débil luz de resplandor de maná.

—Armadura Dracónica Ligera, ¿eh? Un hechizo innato.

Los dragones que vivían bastante tiempo adquirían inteligencia y podían usar hechizos únicos para los dragonkin. A juzgar por su tamaño, este Void probablemente era un dragón anciano, así que incluso sin su inteligencia todavía podía usar magia… Por supuesto, Leonis no esperaba que su hechizo lo fuera a derrotar.

El señor Void aulló y levantó su cuello torcido. Su boca estaba llena de aire al rojo vivo…

—¡Selia, agáchate!

Leonis desplegó por reflejo una barrera de maná. El escudo esférico bloqueó el aliento abrasador del dragón mientras las llamas azotaban sus alrededores. El asfalto se derritió, formando un mar de alquitrán a su alrededor. El señor Void entonces empezó a realizar un segundo hechizo, formando múltiples círculos mágicos en el aire a su alrededor. Era un hechizo destructivo a gran escala que arrasaría su entorno indiscriminadamente. A este paso, el orfanato también se vería atrapado en la destrucción…

(¡¿Podré cancelarlo a tiempo con un hechizo de igual fuerza…?!)

Los límites del cuerpo humano restringían cuán rápido podía Leonis lanzar un hechizo.

—… ¡No te dejaré!

Riselia cargó ferozmente con su Espada Sagrada en mano.

—¡Hyaaaaaaaaaah!

Dio un tajo con su brillante cabello plateado ondeando en el aire. Cualquier Void normal habría sido partido en dos por el ataque, pero las escamas del dragón desviaron la hoja de la Espada Sagrada. El señor Void alzó su cola y la aporreó contra el suelo.

—¡…!

Evitó la cola por reflejo, pero fue lanzada por su onda sísmica.

—¡Zamd! ¡Zamd! ¡Zamd!

Leonis deshizo rápidamente el hechizo que estaba realizando y lanzó varios Disparos Explosivos Malditos, un hechizo de segundo nivel. Aunque la técnica podía destrozar incluso rocas, el dragón apenas se tambaleó. El señor Void empezó a realizar el hechizo de destrucción a gran escala de nuevo. Pero entonces… un lobo negro gigante salió de la sombra de los escombros y le hundió sus colmillos en el cuello.

—¡Guooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooh!

—¡Blackas!

Sin duda era el compañero de armas de Leonis, el príncipe del reino de las sombras, el lobo de sombra Blackas. El Void se azotó su propio cuello, luchando por quitarse a su atacante, pero el gran lobo de obsidiana se rehusó a abrir su mandíbula. Leonis aprovechó ese momento para invocar su hechizo.

—¡Perece, tonto rey, conoce tu propia estupidez…!

El hechizo fue liberado y Blackas se cubrió en las sombras. Fue un hechizo de décimo nivel, la maldición de extinción masiva «Meld Gaiez». Un orbe de vacío apareció sobre el señor Void, empujando a la criatura y aplastándola en la tierra.

—¡Grrrrrrroooooooooooooooooooooooooh!

Unas fisuras cavernosas se extendieron por el suelo y se abrió. La enorme forma del Void desapareció en el fondo del cañón. Leonis entonces disparó varios hechizos «Madia Zolf», el Cañón Infernal Incandescente. Con cada explosión, las llamas surgían de las profundidades del abismo.

(Puedes descansar en paz, orgulloso rey de los dragones…)

De entre todos los monstruos, a Leonis le gustaban especialmente los dragones. Siempre había encontrado su fuerza distante y su orgullo muy confiable. Por lo tanto, verlos reducidos a estas criaturas era imperdonable a sus ojos.

La oscuridad llenaba el cañón sin fondo. Probablemente había una enorme zanja debajo de esta ciudad para empezar. Girando, Leonis encontró a Riselia respirando pesadamente.

—¿Necesitas algo de sangre?

—… E-Estoy bien…

La chica apartó la mirada. Entonces algo salió de repente de las grietas en el suelo.

—¡¿Qué?!

Eran ramas de árboles y raíces retorciéndose. En un parpadeo, enrollaron el cuerpo de Riselia y la arrastraron a las profundidades.

—¡Selia!

—¡Leoooooo…!

Leonis extendió un brazo para agarrarla, pero las puntas de sus dedos solo agarraron un espacio vacío. Con un suave sonido, su dispositivo de comunicación pendiente cayó a los pies de Leonis.

(¿Qué demonios es esto…?)

Las raíces invasoras parecían estar devorando los restos de los Voids que estaban esparcidos por la zona, haciéndose más grandes en el proceso.

(¡¿Se están comiendo a los Voids?!)

Leonis había visto esto una vez antes, las raíces de un árbol multiplicándose sin parar y devorando a los ejércitos de los no muertos. Lo había visto hacía mil años en la batalla final de los ejércitos de los Señores Oscuros…

—… Oh, ya veo. Así que eres tú…

Dijo Leonis con sus labios pronunciando el nombre de su odiado archienemigo.

—Uno de los Seis Héroes… ¡Arakill Degradios!

 

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