Seiken Gakuin no Maken Tsukai Volumen 1 Capítulo 7

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Soñó. Hacía mucho que había olvidado que las personas sueñan mientras duermen, porque desde que desechó su cuerpo humano ya no tuvo ningún sueño.

Fue un sueño de cuando aún era solo un chico. El Héroe de la Espada Sagrada, Leonis Shealto, fue traicionado por los nobles de su reino y asesinado. Realmente fue una historia sorprendentemente trivial y ordinaria. Le importaba poco el motivo. Rencor, envidia, odio, orgullo, miedo… tal vez todos esos metidos en uno. Pero al chico de diez años que había salvado el mundo repetidas veces le fue dada una muerte antinatural.

Ni siquiera mientras yacía bajo la lluvia con un charco de sangre formándose debajo de él, el chico sintió resentimiento hacia a la humanidad… Había visto bastante de sus lados feos, pero también muchos de sus aspectos nobles. Ni siquiera los que ordenaron su muerte eran villanos en toda regla.

—… Chico, ¿crees que este mundo es justo?

—… Ya no me importa.

El chico respondió con un susurro cansado; la mujer simplemente le extendió la mano.

—Deseo rebelarme contra este mundo ¿Qué planeas hacer tú?

Y cuando dijo esas palabras con una sonrisa, su expresión fue muy… hermosa…

 

 

(… Ha pasado mucho desde la última vez que soñé con ella.)

Fue un sueño vívido que sacó recuerdos de su pasado. Roselia, la chica conocida como la Diosa de la Rebelión, resucitó al chico una vez llamado héroe, transformándolo en un Señor Oscuro. Salvó a Leonis cuando había perdido la fe en este mundo y más tarde intentó salvar al mundo mismo. Asumiendo esa pesada carga con ese pequeño cuerpo suyo…

Molestado por un leve dolor de cabeza, se llevó las manos a la cabeza mientras se levantaba. Un pijama se aferraba a sus extremidades de diez años. Aun se sentía un poco adormecido.

—Nn… Nnngh…

Y entonces, una voz peculiarmente sensual le cosquilleó los oídos.

—¡¿…?!

Bajó la mirada en pánico. Riselia giraba en la cama, durmiendo plácidamente. Su respiración se filtraba por sus labios. Su bata para dormir se había desabotonado parcialmente, exponiendo su pecho, el cual se alzaba y bajaba con cada respiración. Su cabello plateado brillaba con la tenue luz del sol que pasaba por las ventanas.

(¡¿Q-Qué está haciendo aquí…?!)

Leonis pensó en cuán cansado estaba anoche. Solo había una cama en la habitación, así que decidió dormir en el sofá. Cuando era el Rey de los Inmortales, siempre dormía en un ataúd de piedra, así que no era muy quisquilloso cuando se trataba de su cama.

(Sí, definitivamente me dormí en el sofá…)

Leonis sintió una sensación desagradable en el cuello. Era una pequeña hinchazón.

(No lo hizo, ¿cierto…?)

Mientras Riselia arrullaba en su sueño, Leonis le pellizcó la mejilla.

—… Mmm, nnng…

Ella solo frunció el ceño con irritación, mas no mostró signos de despertar. Leonis se encogió de hombros y le susurró al oído.

—Despierta, mi subordinada…

—… ¡¿Aaaah?!

Los ojos de la chica se abrieron con sorpresa. Él había cargado esas palabras con maná para despertar a su subordinada.

—Buenos días, Selia.

—B-Buenos días, Leo…

Ella lo miró frotándose los ojos. Las sábanas fueron hechas a un lado, dejándole un claro vistazo de sus bragas blancas. Leonis se esforzó mucho para no mirar.

—Emm, ¿no estaba durmiendo en el sofá?

—Sí, pero te moví a la cama. Habrías pescado un resfriado si hubieras dormido ahí.

—Probablemente estaría bien…

(Que un Señor Oscuro pesque un resfriado sería algo inaudito. ¿Aunque tal vez es posible en este cuerpo…? Difícilmente importa en este momento.)

Leonis se aclaró la garganta y la miró con un ojo medio abierto.

—Me chupaste la sangre mientras dormía, ¿cierto?

—…

Riselia apartó la mirada hacia una dirección al azar.

—Tengo marcas de mordiscos en el cuello.

La presionó más para hacerla admitir su culpa.

—S-Solo un poco…

Tartamudeó juntando su dedo índice y pulgar en la forma normal de decir “solo un poco”.

—Era muy tarde y no pude evitarlo… algo así pasó.

Los impulsos vampíricos se volvían más fuertes en la noche, y, habiéndose acabado de convertir en una reina vampiro, Riselia aún tenía problemas para reprimir el ansia.

—No me malinterpretes. No es que me importe compartir mi sangre con un subordinado mío, pero al menos pídemelo la próxima vez.

—… D-De acuerdo, lo haré. Lo siento.

(Aun así, y pensar que se acercaría al Rey de los Inmortales mientras dormía y le chuparía la sangre…)

Esta reina vampiro, a quien él había encontrado, no era alguien a la que pudiera tratar a la ligera.

—También se acabó el dormir en la misma cama.

—Oh, Leo, ¿estás en esa edad en que ahora te molesta eso?

—Sin duda lo estoy, sí.

—Leonis se levantó y empezó a cambiarse de su pijama al uniforme.

—¿A dónde vas?

Preguntó Riselia.

—A la biblioteca de la academia. Deberían permitirme entrar ahora que tengo una identificación, ¿cierto?

Planeaba pasar el día encerrando en la biblioteca de la Academia Excalibur como un ermitaño, estudiando la historia de esta era. La sociedad humana y su desarrollo, la aparición de los Voids, el poder de las Espadas Sagradas… Había mucho por investigar. Además, de acuerdo con el reporte de Sherry, los antiguos dioses, los Señores Oscuros y los Seis Héroes no estaban ni siquiera en las leyendas en esta época. Tal vez estudiar los libros de historia lo ayudaría a descubrir algo.

Un poco nerviosa, Riselia le habló mientras se preparaba para irse.

—Um, ya había reservado los campos de entrenamiento esta mañana para tu plan de estudios de entrenamiento.

—¿Plan de estudios?

Preguntó Leonis con recelo.

—En la Academia Excalibur podemos elegir nuestros planes de estudio de entrenamiento libremente.

—… ¿En serio?

A ojos de Leonis, dejar la estructura del entrenamiento a los alumnos era algo bastante ineficiente. Pero, viendo cómo los poderes de las Espadas Sagradas que residían en todos y cada uno de los estudiantes eran variados y vastos, un plan de estudio de entrenamiento homogéneo y uniforme tampoco funcionaría. Dejando eso de lado…

—Esta es la primera vez que escucho sobre reservar los campos de entrenamiento.

—Preparé un plan de estudios para ti, Leo. Como parte de mis privilegios como tu tutora, me aseguré de que entrenases al mismo tiempo que yo.

Dijo Riselia despreocupadamente.

—¿Por qué hiciste eso?

Preguntó Leo, tomado por sorpresa.

—Prometiste que entrenarías conmigo, ¿cierto?

—… Umm.

Sí que había prometido algo así.

—Bien.

Leonis se encogió de hombros.

 

 

El área de entrenamiento de la Academia Excalibur que Riselia reservó para ellos era un espacio en el interior. La enorme habitación circular tenía forma de un domo.

—Reservé este gimnasio solo para nosotros dos, así que deberíamos estar bien.

Dijo Riselia, haciendo estiramientos felizmente. Probablemente estaba emocionada por poder entrenar como una Espadachina Sagrada por primera vez. Leonis entendía cómo se sentía por lo menos.

—¿Qué tal si me muestras tu fuerza actual, para empezar?

Sugirió Leonis, golpeando el suelo con la parte inferior de su báculo.

—Después de eso, pensaremos en los detalles de tu entrenamiento.

—Muy bien. ¿Deberíamos usar un simulador de Void?

Preguntó Riselia.

—No, tengo un enemigo más realista para ti.

Respondió Leonis, y empezó a realizar un hechizo.

—… Valientes soldados muertos, obedezcan al llamado del Rey de los Inmortales.

La sombra de Leonis se expandió de forma circular y empezó a retorcerse incontroladamente. Con el sonido de un traqueteo frenético, docenas de encarnaciones de huesos se levantaron de la sombra.

—¿Q-Qué? ¿Esos son… esqueletos…?

Susurró Riselia con un dejo de miedo.

(… Vaya. Así que los jóvenes de esta época no han visto ni siquiera un esqueleto.)

Los esqueletos se levantaban naturalmente en lugares llenos de miasma de muerte y eran monstruos de bajo rango que habían servido como el núcleo del ejército del rey demonio. A propósito, Leonis podía invocar un ejército de cientos de ellos inmediatamente.

—Son mis subordinados de rango más bajo. Siéntete libre de destrozarlos.

—… Está bien. Entendido.

Riselia asintió y extendió su mano derecha al espacio vacío.

—¡Actívate!

Al momento siguiente, su Espada Sagrada sin nombre se manifestó en su mano. Era la materialización de su alma, la espada elegante que derrotó a Muzel durante la prueba de Espada Sagrada.

—Entonces permíteme…

El cabello de Riselia brilló con una luz plateada llena de maná. Osciló su Espada Sagrada, haciendo polvo a los soldados esqueleto. Los guerreros desecados continuaron su ataque sin pausa, pero Riselia arrasó con ellos, aniquilando a los monstruos.

(… No esperaba menos de una reina vampiro.)

Los esqueletos sin duda eran no muertos así como Riselia, pero también subordinados del rango más bajo, no rivales para una reina vampiro. A pesar de la facilidad con la que se movía, Riselia aún era incapaz de controlar las enormes reservas de maná latentes en su cuerpo. Solo estaba agitando su Espada Sagrada con su fuerza bruta fortalecida de vampiro.

(… No, decir que solo está agitando su espada sería erróneo.)

Su habilidad con la espada no era mala. La técnica de la chica era práctica y hecha para verdaderas batallas. Pronto, hubo derrotado a todos los soldados esqueletos.

—… Uff, uff, ¿qué tal lo hice…?

—Maravilloso. Tu habilidad con la espada es impresionante.

Leonis aplaudió.

—¿Sabes sobre habilidad con la espada…?

Riselia inclinó la cabeza inquisitivamente. Tal vez Leonis no parecía del tipo que empuña una espada.

—Bueno, un poco…

Leonis se encogió de hombros como evitando la pregunta.

—¿Alguien te enseñó, Selia?

—Sí, mi padre tenía una Espada Sagrada tipo espada.

(… Ya veo, su habilidad fue legada por su padre.)

—… Aunque no soy rival para Sakuya.

Selia sacudió la cabeza.

—El verdadero poder de una reina vampiro yace en sus enormes reservas de maná. Una vez puedas controlarlo, te enseñaré algo de hechicería.

—¿En serio?

—Sí. Creo que eso sería lo mejor.

Si ella pudiera usar maná para fortalecer su cuerpo, sería capaz de luchar como una espadachina hechicera.

—Entonces subamos un poco la dificultad.

Realizó un hechizo para invocar bestias esqueleto. Estas eran esqueletos formados de los huesos de lobos negros.

—Estos son no muertos de tipo bestia que actúan en grupos tácticos. No serán tan fáciles como tus primeros oponentes.

—¡De acuerdo!

Se limpió el sudor y agarró con fuerza su Espada Sagrada con ambas manos. Lucía positivamente eufórica solo por estar empuñando el arma.

Dos horas después, sus ejercicios habían terminado. El campo de entrenamiento estaba lleno de demasiados huesos como para contarlos.

—Haah, haah, haah…

Riselia respiraba pesadamente, con sus hombros subiendo y bajando.

—Parece un buen momento para detenernos…

Leonis expandió su sombra, recuperando los huesos y regresándolos al reino de las sombras. Esta no era una época donde los huesos pudieran estar esparcidos por los campos de batalla. Si recuperaba cualquier hueso dejado y vertía su maná en él, podría usarlo de nuevo.

—… ¡Muchísimas gracias!

Riselia inclinó la cabeza. Observar cómo iba mejorando su subordinada ciertamente podía ser disfrutable.

—¿Necesitas que reponga tu maná?

—Ah… N-No, estoy bien…

Riselia tartamudeó con las mejillas teñidas de rosa después de pensarlo un momento.

—Muy bien. Entonces me voy…

—Oh, Leo.

La chica de cabello plateado lo detuvo antes de que pudiera ir a la biblioteca.

—Saldré al distrito comercial; ¿quieres venir conmigo?

—No, aún necesito…

—Te invitaré al almuerzo. Estará delicioso.

—…

El estómago del Señor Oscuro emitió un estruendoso gruñido.

(… ¡Maldigo este cuerpo! Qué incorregible.)

Planeaba pasar el día en la biblioteca, pero no era como si el edificio fuera a irse a ninguna parte. Inspeccionar la ciudad no era tan mala idea.

(… Supongo que no debería dejar toda la investigación de la ciudad a Sherry.)

… Y lo cierto era que los dulces que le había comprado el día anterior habían atraído su interés.

 

 

—Qué extraño.

Susurró Elfiné, mirando el análisis en la pantalla.

—¿Ocurre algo, señorita Elfiné?

Sakuya miró la pantalla desde su espalda.

—El Decimotercer Escuadrón estaba investigando el fondo del mar, pero aún no ha regresado.

—¿El Decimotercero? ¿No son todos combatientes de élite habilidosos?

—Parece que los jefes de la academia aún no lo han hecho público.

Los únicos que podían acceder a información retenida por el departamento de administración eran los que tenían Espadas Sagradas como la de Elfiné, capaces de interferir con la red de información. Por supuesto, la academia estaba informada de la habilidad de su Espada Sagrada, pero no eran conscientes de que podía acceder a la red tan profundamente.

—Espera, ¡espera un segundo…!

Exclamó Elfiné, con los ojos fijos en la pantalla.

—¿Mm?

—Esta extraña onda… No, ¡no puede ser…!

Palideció. Esperaba que esto fuera un error, pero había visto este escenario incontables veces en el simulador.

—Tengo que reportar esto al departamento tan pronto como sea posible.

Aunque, en el momento que se levantó, la pantalla se llenó de un auge de puntos rojos.

 

 

—Aquí estamos.

Riselia los había llevado en un vehículo a un área a poca distancia del distrito comercial. Era un lugar con muy poco tráfico, y no había estudiantes de la Academia Excalibur a la vista.

—¿Es algún tipo de restaurante?

Leonis levantó la mirada al edificio junto al cual Riselia se había detenido.

—Sí, es un restaurante que también hace de orfanato. Dan refugio a los niños que no tienen ningún lugar a donde ir.

—Un orfanato…

Leonis frunció el ceño. No tenía buenos recuerdos de los orfanatos. Se sentía como si una herida que había olvidado se hubiera abierto de nuevo.

—¿Pasa algo?

—No es nada.

Era un edificio de ladrillo, algo inusual en el Jardín de Asalto. Riselia se bajó del vehículo, agarrando una caja grande con ambas manos.

—Y… arriba…

Lucía pesado.

—Si usas el maná ofrecido como vampiro, podrás cargar eso muy fácilmente.

Le aconsejó Leonis.

—Quiero sentirme humana en mi vida diaria y normal. Además, el maná que gasté necesitaré reponerlo, así que…

—… Entiendo.

Reconoció Leonis, pero de todas formas lanzó un hechizo para hacer la caja más ligera.

Una campana sonó cuando entraron al edificio, y…

—¡Es Selia!

—¡Seliaaaa!

—¡Selia está aquí!

Varios niños corrieron al vestíbulo, abrazando a Riselia por la cintura y piernas.

(… ¡¿Cómo se atreven a aferrarse a mi subordinada de esa forma…?!)

Leonis se tensó por reflejo, pero entonces lo reconsideró.

(Bueno, solo son niños. Lo pasaré por alto esta vez.)

Olvidando que también era un chico de diez años, decidió perdonarlos… Leonis Death Magnus siempre fue el más tolerante de los Señores Oscuros.

Aun así, Riselia era amada mucho por estos niños. Sonrió con algo de incomodidad mientras llevaba su paquete a la mesa, con los niños aún aferrándose a ella.

—Hace mucho que no vienes a jugar, Selia. ¡Te extrañamos!

—Perdón. Tuvimos exámenes trimestrales en la academia, así que estaba ocupada…

—¡Hyah!

Un chico que parecía tener cinco años intentó levantarle la falda a Riselia.

—¡E-Eh, detente!

Gritó, sosteniendo el dobladillo de su falda… Eso era muy difícil de dejar pasar. Ni siquiera un Señor Oscuro indulgente podía evitar enojarse por esto. Pero justo cuando Leonis estaba a punto de lanzar un hechizo para hacer tropezar al niño…

—¡Deen, ¿qué estás haciendo?!

la puerta de la cocina se abrió y una mujer de la tercera edad salió.

—Lo siento mucho. Siempre nos ayudas tanto…

—Para nada. Solo espero en serio poder ser de ayuda por aquí…

Riselia giró para mirar a Leonis y le presentó a la anciana.

—Esta es Frenia, la dueña del orfanato.

—¿Quién puede ser este?

Preguntó la mujer llamada Frenia.

—Un chico que salvé de unas ruinas. Su nombre es Leo, y es un Espadachín Sagrado.

—Vaya, ¿a una edad tan joven?

Exclamó Frenia.

—¡Genial!

—¿En seriooooo?

—¡Asombroso!

Los niños empezaron a reunirse alrededor de Leonis.

—… ¡D-Desistan!

Ordenó el Rey de los Inmortales, hablando con su voz natural. Tuvo poco éxito, ya que pronto se encontró rodeado.

—¡Muéstranos tu Espada Sagrada!

—¡¿Cómo la llamas?!

—D-Deténganse, no pueden hacer eso…

La chica mayor del grupo (aunque solo relativamente, porque tenía ocho años) trató de detener a los otros niños, pero todos empezaron a alborotar el cabello de Leonis.

(… ¡S-Soy un Señor Oscuro…!)

—Vaya, sí que eres popular, Leo.

Su subordinada no hizo intento por rescatarlo, eligiendo observar y reírse.

(… No olvidaré esto, mujer…)

Leonis gruñó desde las profundidades de su corazón.

—Elegí algunas verduras en el invernadero y las traje.

Riselia abrió la pesada caja que cargaba, revelando que estaba llena hasta el tope de productos agrícolas. Los había cultivado ella misma en uno de los invernaderos de la Academia Excalibur.

—No hay mucho, pero deberían saber bien.

—Gracias. Haré sopa con ellas.

La anciana regresó a la cocina.

—La ayudaré a hacer el almuerzo. Leo, juega con los niños hasta que esté lista.

—¡¿Qué…?!

Leonis extendió una mano, pero Riselia desapareció en la cocina.

—¡Muéstrame tu Espada Sagrada!

—¡¿Cómo luce?!

—¡Tu uniforme es genial!

—Ugh…

Con sus extremidades de diez años no podía quitarse a los niños de encima, y usar magia en ellos como que lastimaría su dignidad de rey demonio.

—¡D-Deténganse, lo están molestando…!

La chica mayor trató de reprender al resto, pero su débil voz no fue escuchada.

(¡Maldita sea…!)

Leonis miró de mala gana a donde Riselia había estado hacía un momento.

 

 

—Está listo.

Riselia se asomó desde la cocina quince minutos después, usando un delantal. En un parpadeo, los niños que habían estado jugando con Leonis corrieron hacia la mesa.

(Será posible…)

Leonis se levantó, arreglando su ropa arrugada y su cabello alborotado. Para el Rey de los Inmortales, quien una vez hizo retroceder a un ejército de decenas de miles de soldados solo, esto era un increíble deshonor.

—E-Emm… ¿estás… bien…?

La chica mayor entre los niños extendió un pañuelo limpio como muestra de consideración.

—Mm, sí, solo son niños jugando.

—Perdón… no querían lastimarte, así que…

La chica inclinó la cabeza varias veces en señal de disculpa.

—¡Oh, pero yo también creo que es muy genial que puedas usar una Espada Sagrada!

Su rostro se tornó rojo tan pronto como las palabras escaparon de sus labios.

—Tessera, ¿puedes venir aquí?

—¡S-Sí!

La chica se inclinó ante Leonis y se fue corriendo.

—… Tessera, ¿eh? Es bueno ver que algunos niños son educados.

Murmuró Leonis, peinándose el cabello con los dedos.

La parte delantera del orfanato era un restaurante público. Una canasta llena de pan estaba en la mesa junto a platos de sopa, ensalada y pescado frito. El lugar no era muy espacioso, pero tenía un ambiente agradable.

—Trabajo aquí algunas veces.

Dijo Riselia, quitándose el delantal. Verla en delantal contrastaba totalmente con la percepción de Leonis de su herencia noble.

—En los días que el restaurante está cerrado, todos se reúnen aquí a comer.

Mirando afuera, Leonis notó que el letrero de “abierto” había sido quitado.

(… Ya veo.)

Parecía estar muy acostumbrada a manejar niños, dado el modo en que había cuidado de Leonis mientras pensaba que era uno como otro cualquiera. Probablemente era porque solía echar una mano en el orfanato.

—Siempre ayudas mucho, señorita Riselia.

Dijo Frenia, inclinando la cabeza en agradecimiento.

—Oh, para nada… después de todo, me paga un salario…

Los niños estaban sentados a la mesa y ya devoraban el pan. Leonis estaba tan hambriento como ellos, pero estiró el brazo calmadamente, demostrando su dignidad como el Rey de los Inmortales.

—¿Qué te parece la sopa de nabo?

—… Está buena.

Leonis dio su opinión más sincera. La sopa de verduras casera tenía una ligera salinidad, y su sabor era simple pero sabroso.

—Menos mal. Regina me enseñó a hacerla.

Dijo Riselia levantando el pulgar.

—Um… el pan también sabe bien.

Tessera le ofreció una rebanada.

—Oh, gracias.

—D-De nada…

Sus mejillas se sonrojaron cuando Leonis aceptó la comida.

—Todos estos niños fueron rescatados y traídos de fuera de la ciudad por Espadachines Sagrados.

Explicó Frenia.

—Así es. Todos llegaron aquí de diferentes países y lugares buscando refugio.

—Selia, ¿podemos jugar después?

—Claro, ¿a qué quieren jugar?

Los niños abrazaron a Riselia afectuosamente. Ella respondió con una sonrisa.

(… Ya veo. Este es el lugar que quiere proteger.)

Pensó Leonis mientras la observaba. Su ciudad natal fue destruida por los Voids, así que probablemente tenía muchos deseos de proteger a los niños que sufrieron el mismo destino. “… Me da un poco de envidia, lo admito”, pensó el rey demonio.

(El reino que prometí proteger ya se ha perdido desde hace mucho…)

Pensó en el arruinado y nostálgico paisaje de Necrozoa. Pero…

—¡Vamos, muéstrame tu Espada Sagrada!

un niño de cinco años regordete le jaló la manga. Los niños debían de ser verdaderamente valientes para acercarse a la persona del Rey de los Inmortales.

—Phoca, el Espadachín Sagrado no es un juguete.

—¡Aww!

El niño se quejó ante el regaño de Frenia.

—No, está bien. Se la mostraré.

Leonis se ofreció generosamente. Mostrarles un poco para distraerlos no sería tan malo, y hacer felices a los niños también debía complacer a Riselia.

—¿Qué vas a hacer, Leo?

—… Umm, tal vez un circo artístico de esqueletos sería bueno aquí.

—¿Esqueletos?

—¿Qué son?

Las preguntas curiosas de los niños vinieron en ráfaga.

—T-Tal vez no deberías, Leo. Podrías asustarlos.

Riselia trató de rechazar la idea.

—… ¿Tú crees?

—Sí. Quiero decir, los esqueletos dan un poco de miedo…

(… Umm. Así que los esqueletos son aterradores.)

Leonis en realidad los encontraba muy lindos.

—Muy bien, entonces ¿qué tal unos pequeños fuegos artificiales del tamaño de la mesa…?

Pero justo cuando Leonis estaba a punto de realizar un hechizo de fuego…

—¡¿…?!

¡Brrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr! Un temblor sacudió la tierra, causando que la vajilla cayera al suelo.

—… ¿Un terremoto?

—No, no debería ser posible, el Jardín de Asalto está fijado al fondo del mar por un ancla.

Respondió Riselia. Los hombros de Leonis se tensaron. Y, al momento siguiente… la sirena de la ciudad resonó.

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